Saltando en los charcos

7 Jun

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Nos pasamos la vida intentando no pisar los charcos que deja la lluvia del destino por no malherir el corazón, como si éste no pudiese resistir los envites por sí mismo, acostumbrado a tantas tormentas.

Ayer me senté en el Sálvame Deluxe en una noche complicada para mí. Me enteraba en directo de la muerte de mi amigo Darío Barrio. Un tipo afable, cariñoso, efervescente y divertido que siempre vivió la vida al límite, como si tuviese vértigo porque cualquier día acabase. Me sentaba para demostrar a un amigo al que quiero, que nació en la isla, que estoy aquí y que no pretendo defraudarle nunca.

He vuelto de Honduras, tras la experiencia más dura y brutal de mi vida laboral, y más maravillosa, lleno de lágrimas, de emociones y de nuevos corazones. No sé si lo hice bien, intuyo que no fue muy mal pues la audiencia me salvaba semana tras semana. Lo que sí sé es que fui Nacho Montes en estado puro, reí, me desangré por amor, sentí, lloré… Viví.

Viví al límite cada momento, como hacía Darío. Me dejé llevar, sin pensarlo, por todas las corrientes. Y como la Candela Montalbán de mi novela, Zapatos rojos para saltar en los charcos, jamás tuve reparo en subirme a la realidad de lo que pasaba para campear toda tempestad y saltar sin miedo sobre todos los charcos.

Aquí me tenéis, todo el día a flor de piel, con el alma expuesta y el corazón abierto al mundo. No sé vivir mi presente de otra manera.

PD. Vikingo, nunca he dejado de pensar en ti, nunca, a pesar de todas las magias y encuentros que tuvo la isla. Nunca dejé de pensarte porque pase lo que pase siempre estarás en mi corazón, aceptando cada uno de mis presentes. Lo sé.

 

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Supervivientes

6 Mar

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No es más duro que la vida lo que voy a hacer. Ya todos sabéis, supongo, que en nada me embarco en esta aventura efervescente que es el lanzarse a las fauces de una isla salvaje con un puñado de compañeros de la tele, del colorín y del mundo del show durante un tiempo indeterminado, sin más kit de supervivencia que tres o cuatro prendas de algodón y un cepillo de dientes.

El día que me llamaron por primera vez sentí vértigo. Creció en un segundo ese nudo que se enreda en el estómago por el miedo a lo desconocido. No voy a negar que me costó decidirme. Unos días veía un paraíso de silencios y puestas de sol y otros un desierto de hambre, sed y soledades. No voy a negar tampoco que he llorado y he reído mucho hasta decidirme.

Una noche, hablando con mi amiga Mercedes Milá, a quien siempre pregunto, como a mi familia, por tantas decisiones de la vida, me dijo “si un día te expliqué que era muy duro y que no te lo recomendaba hoy te digo ve, esto es un empujón que te da tu madre para arreglarte la vida, después de una etapa complicada” y cuando colgué, después de masticar todo lo que me habían dicho mi padre, mis hermanos, mis amigos, y algunos buenos colegas de la tele, lo vi todo claro.

No es más duro lo que voy a pasar en Honduras que lo que he pasado en algunos momentos de la vida. No es más duro que perder a gente que quieres, jóvenes, muy jóvenes y con caminos truncados por la enfermedad. No es más duro que esos momentos criminales que pasan infinidad de familias para poder salir adelante en etapas en las que no hay aliento, ni casi esperanza.

Y esa noche me sentí un privilegiado, porque Supervivientes llega en un momento perfecto emocional para mí, la vida ha remansado y apaciguado todo aquello que dolía, y en un momento económico complicado para todos.

Y el 13 de mayo, espero seguir lejos porque eso significará que todo va bien, saldrá mi Novela. Así que no había compromisos serios laborales a la vista y todo, todo, parecía alinearse en una u otra medida.

Hoy os escribo consciente de todo lo que voy a ser. Quiero reírme, disfrutar, compartir hasta la última gota de sudor, hasta la última lágrima en tierras caribeñas y vivir esta aventura como algo único que va a cambiar mi presente. Lo sé.

Sí, ya estoy en modo Superviviente y no es más duro Supervivientes que la vida.

PD. Me voy a llevar conmigo en un secreto a voces a mi vikingo, a mi madre y seguro que los gritos de todo vuestro apoyo. Espero que nos veamos muy tarde. Dejo en mi casa, al mando de la rutina de la vida y de mis cosas, a mi amigo Pablo y a mi fiel Torredearena.

(He recuperado esta foto de México, de hace tres años, para recordar toda la maravillosa luz del Caribe). Os sentiré desde Honduras. Que tengáis buena primavera.

Solamente cosas bonitas

7 Ene

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Ha sido quitar el árbol de Navidad y sentir como si la vida se esponjase. Iba a escribir el 1 de enero, como otros años, con ese infantil espíritu de renovar los cuadernos y los lápices para pintar historias nuevas. Pero este año he querido esperar a que pasase el día de Reyes porque necesitaba, como mi casa, volver a respirar.

La casa, como mi espíritu, se ha expandido en los huecos limpios que deja la ausencia del atrezzo navideño.

Hoy he dedicado parte de la tarde a ordenar la agenda de 2014 y casi sin darme cuenta me he visto escribiendo en una de sus hojas de notas los nombres de algunas cosas que me hacen sentir bien, que me gustan, que me sacan una sonrisa. Algunas por lo que me recuerdan, otras por su simple belleza, muchas de ellas porque me acompañan en casa sin importar el tiempo. Nuevas o antiguas, compradas o heredadas…

Y he decidido que este año sólo quiero rodearme de cosas que me agradan, por pequeñas y simples que sean. Un vino con un buen amigo, unas cervezas con confidencias, una chimenea, un paisaje de montaña, una esquina de la ciudad, el olor de la fruta en un puesto, un árbol en flor, pequeños tesoros en un mercadillo cercano…

En eso estaba pensando cuando hice esta foto en casa. Improvisada, lo prometo. Sobre mi chimenea, pequeñas cosas bonitas que me acompañan cada día. Una lámpara inglesa de porcelana, porque hay algo en el mundo anglosajón que me fascina; una flor de loza blanca, regalo sin motivo alguno de mi hermana Paula; el corazón de piedra que me trajo Mercedes Milá, de uno de sus paseos serranos; dos bellotas que mi amigo Pablo llama los cojones del tiempo, porque se arrugan y se dilatan según la temperatura que haga fuera; una caja de Fornasetti y una bola de mármol, regalo de mi padre hace años, que es limpia y perfecta, como la tierra. Son sólo algunas cosas de un rincón de casa. Pero inician una lista casi eterna de cosas que quiero tener cerca porque laten, respiran y viven conmigo.

PD. Muy cerca, en otro rincón, hay un elefante blanco de piedra y una caracola con luz que eran de mi madre y una lámpara que aún si paso los dedos tiene las huellas de sus manos delicadas. Cerca también, hay pequeñas cosas y fotos que hablan de Justin. Pues eso, solamente cosas bonitas.

Vivir al rojo

11 Dic

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Anoche creí escuchar discutir a los papeles arrugados que deseché en mi papelera. No estoy loco, los sueños tiñen de locura cuerda todo lo que imaginamos. El caso es que una bola de papel se reía de otra. Pues a mí el tío este me ha escrito antes de arrugarme una carta de deseos para 2014 que si se cumplen será un milagro, decía una refiriéndose a mí. Pues a mí también y no sé por qué me ha arrugado después si yo sí creo que se pueden cumplir casi todos los deseos, decía la otra.

-¿Tú crees en la Navidad? –Pregunta la bola más arrugada.

-Yo creo en las personas que viven mordiendo espinas para seguir caminando entre las rosas –responde la bola más optimista.

No me ha hecho falta seguir soñando. Yo siempre he sido como la bola menos arrugada, la que cree que  hay que comerse la vida aunque venga con espinas. Todos hemos pasado, en una u otra medida, por esas espinas estos últimos años. Pero yo me he propuesto seguir anotando deseos en un papel.

Quiero vivir al rojo, no en vano este año para mí será de ese color, cuando salga mi nueva novela en primavera lo entenderéis. Queda poco, estamos con la pintura exterior antes de entrar en imprenta.

Quiero vivir al rojo, seguir caminando, mordiendo todas las espinas que hagan falta, y dando gracias a esos amigos que nos ayudan en el camino, física y moralmente. Ellos saben lo agradecido que estoy aunque a veces tardemos en reencontrarnos.

Quiero vivir al rojo, porque hay gente a la que quiero y querré eternamente que siempre vivían así.

Y vosotros, ¿os apuntáis al rojo?

PD. Yo sé vikingo que tus barbas, tus sonrisas y tu pasión por la vida eran muy rojas. Mamá, tu tenías el corazón incendiado de ese color.

Hombres de barbas rojas

13 Nov

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Nunca me salió la barba tupida. No sé si por anhelarla, me he pasado la vida hechizado con las barbas de otros.

Supongo que mi padre es el culpable, no le recuerdo sin barba. En mi memoria no hay archivos de su barbilla desnuda salvo alguna semana de verano cuando se la quitaba para oxigenar la piel. La tenía negra, ahora blanca. Es curioso, todos los hombres importantes de mi vida, han tenido barbas cerradas, muchos de ellos ruborizadas.

No sé si es una casualidad, últimamente creo en ellas más de lo habitual, pero recuerdo idealizar de niño al único alumno de mi clase que tenía el pelo rojo como un incendio. En mi adolescencia me pasé un verano eterno colgado de la moto de Dani el Pelirrojo, un chaval de la Sierra con la barba color pomelo.

En los años de universidad Olivier, aquel normando que un día vino de París para instalase en el pupitre de al lado, tenía la barba de color tomate y los ojos profundos.

No hace tantos años, cuando mi ex y yo viajábamos a Nueva York, yo por primera vez y sin saber que allí me esperaba el destino, Justin, mi vikingo, se cruzó en mi camino. Tenía la barba cerrada y del color de las naranjas sanguinas. Y los labios sonrojados por las mañanas. No hay mañana que no siga buscando sus pelos en los perfiles de mi almohada, la suya duerme sola a mi lado hace año y medio. Su recuerdo me hace sonreír. He superado el dolor de la ausencia, esa dama cruel que nunca es roja sino infinitamente gris.

Pablo, sí este Pablo que tanto escribe en este blog y en muchos centímetros de la piel de mi vida desde hace años, tiene la barba roja y pomposa, como la fruta madura de otoño.

Hoy me han llegado de Ámsterdam las letras dulces de mi amigo Alexander. Aquel con el que el vikingo y yo viajamos por el mundo en un trío cómplice y aventurero en los últimos meses de Justin. Alexander tiene la barba naranja, como el símbolo de los Orange holandeses.

Va a ser que el destino se empeña en ponerle a mi vida color. Cada día lo tengo más claro.

PD. Si un día me despierto con barba, que sea optimista y luminosa como era la tuya, amor.

 

 

 

 

 

 

El otoño no es gris

14 Oct

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Me gustan los tapaculos rojos que saltan por la tapia de algún vecino cuando llega octubre, las hojas rojas del arce del jardín de mi padre, las sombras rojizas que deja la tarde en las nubes, las rojas ascuas de la chimenea en las sagradas siestas de manta y sofá de los domingos. Me gusta el otoño porque yo nunca lo he visto oscuro y triste, aunque llueva.

Nunca lo vi triste de niño porque era el mes de las mandarinas, con su color optimista, y de los preparativos de la casa para el invierno, eso siempre implicaba cambios de armarios en casa de mis padres, compras con mi madre y expectativas. Y esas sensaciones siempre son rojas, nunca grises.

Este otoño he terminado la novela. Lo más complicado ya está hecho. Ahora queda releer, corregir, diseñar e imprimir antes de nacer. Será para el inicio de la primavera. Paciencia. La protagonista de mi nueva historia tiene un diario rojo y vivo, como he visto yo siempre los otoños.

Este fin de semana del Pilar he robado esta foto en la cocina de mi hermana. Manzanas rojas en un frutero de tres pisos de loza crema. ¿Quién dijo que el otoño era gris?

PD. Estas manzanas las he hurtado virtualmente para ti, que tenías la barba roja vikinga y el corazón ardiendo.

De libros, cipreses, secretos y lluvia…

11 Sep

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De esto va mi otoño este año, una estación que siempre me ha olido a libros nuevos, a lápices afilados, a frutas rojas, a lluvia limpia y a deseos. Este de 2013 me huele también a nuevo libro porque ando terminando esa novela que empecé hace un casi un año, de nuevo con La Esfera de los Libros.

Ha sido un verano tranquilo, de literaturas, anginas, jardín y reposos. Y ahora llega otra vez el otoño, casi sin esperarlo, y en nada abriré la temporada de piñas, rutas de bosque y chimenea mientras doy a luz, es inminente, esta historia de mujeres y secretos que estoy terminando. Espero que muy pronto la tengáis entre las manos y me sobéis a conciencia.

Sé que escribo poco en el blog hace meses, tenéis que entenderme. Todas mis letras me las roban los protagonistas de la nueva novela.

En la Sierra hoy ya amanece de otoño mientras escribo a este lado de los llorosos cristales. Desde aquí, en esta semana de desfiles, eventos y mucha moda, os mando deseos de buen otoño, de positiva vuelta al cole y de secretos, de esos que nunca hacen daño sino que nos sorprenden para hacernos viajar por el mundo sin movernos.

PD. Mi foto de ahora mismo, dos bolas de ciprés, una hortensia decolorada de fin de temporada y la lluvia. Tú entiendes bien este mensaje de otoño.