Archivo | marzo, 2012

Justin Jonsson

11 Mar

He estado un montón de días sin decir nada por aquí porque no sabía cómo contar y qué contar de los momentos personales que estoy viviendo. Muchos de vosotros ya sabéis de lo que estoy hablando, otros no, y por eso, y porque es vital e importante para mí, hoy os escribo este post como si fuese una necesaria carta de vida justo cuando Justin ya se ha ido a Holanda tras un fin de semana de amor y preparación para lo que viene y antes de meterme en la cama, pues mañana estaré en Amsterdam antes de las 11 para pasar con él el primer ciclo de la quimioterapia.

Conocí a Justin Jonsson, un ingeniero holandés de abuelos islandeses, en 2006. Entonces era un pipiolo, hoy un hombre de 33 años y mirada limpia. Yo viajaba a Nueva York con mi ex mujer y dos amigas de vacaciones. El destino, esta cosa que pensamos que sólo anida en el maravilloso fondo de un libro, se nos cruzó en aquel avión. Desde 2006 a 2009 fue compañero de vida, amor y amante. Después la distancia nos hizo convertir aquella aventura pasional en una amistad llena de fuerza y de sinceros sentimientos.

Esta Navidad, algunos lo recordaréis, recibí un regalo suyo por correo. Una bola de cristal y una escueta tarjeta. Rómpela, rezaba su única palabra. Dentro había una carta maravillosa en la que Justin me pedía que me casara con él y me fuese a vivir a Nueva York. Era una locura, divina, pero una locura inviable. El trabajo, la economía y las raíces impiden a menudo hacer esas locuras que tanto deseamos. Le dije entre risas, él era el primero en mofarse de sus arrebatos, que estaba loco y que ya hablaríamos pero que me chiflaba.

Hace hoy 22 días que Justin llamó de madrugada, su madrugada, para decirme que la cena le había sentado mal y que había vomitado mucha sangre. Ahí empezó todo. En urgencias le atendieron y le citaron con el oncólogo. Pocos días después llegaba la fatídica noticia que ya presumíamos. Cáncer de estómago en Estadio 3 no diseminado a ganglios linfáticos. Había, según la medicina, pocas, muy pocas posibilidades, pero Justin y yo nos hemos aferrado a esa mínima esperanza como dos niños a un madero en mitad del océano, ante la tempestad. En eso estamos. El mismo día que a Justin le daban los resultados del TAC me preguntó de nuevo, “¿Si salimos de esta te casas conmigo?”. La respuesta, lo entenderéis, no fue un sí. Fue un “Y si no salimos, también”. Mi familia, mi padre, mis hermanos, mi ex mujer, mis amigos, han aceptado generosamente esta decisión mía, con cariño y responsabilidad.

Hoy os escribo para deciros que en cuanto podamos nos casaremos. Que no me importa si es para unas semanas, para unos meses o para siglos, porque Justin va a estar eternamente en mi corazón y en mi vida, de una u otra manera, y porque ahora él es mi prioridad, mi presente y mi constancia.

Este fin de semana nos lo hemos dedicado a nosotros. Hemos llorado juntos, hemos reído, yo me he pasado horas de noche, mientras dormía, escuchando su respiración y contando las pecas de su piel, dibujándolas con los dedos, para que nunca jamás se me olviden todos sus rincones. Verle sonreír, verle mirarme y verle quererme ha sido la mejor quimioterapia de grupo.

Sé que a mi madre le encantaría Justin, porque es un vikingo de belleza eterna y corazón noble. Sé que en algún sitio ella está vigilando nuestros pasos. Y sé también que es complicado el camino que acabo de tomar, pero si Justin tiene fuerza para caminarlo, yo más y lo haré con él hasta el último aliento.

Después, venga lo que venga, Justin Jonsson será por siempre el hombre de mi vida. Porque es un regalo que me hace la vida que él esté a mi lado.

(La foto es de esta misma mañana, sendereando por la sierra de Madrid. Juntos. no hace falta decir más).

PD. A los que aman sin medida.

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