Archivo | abril, 2011

Guaridas clandestinas

26 Abr

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Anoche volví a a encender una linterna bajo mis sábanas, como en mi adolescencia, para bucear en las letras de otros, en las vuestras, en los recuerdos. Creo que lo hice, aún viviendo solo, porque me gusta lo dulce de lo clandestino, el placer de lo secreto, el embrujo de lo íntimo…

Desde niño he buscado rincones secretos donde almacenar detalles de vida. Sé que hacía días que no escribía, eso debe nacer, y hoy ha nacido para delataros mis guaridas clandestinas. Una piedra en el jardín bajo la que escondemos unas llaves cuando salimos sin bolsillos en verano, un doble bolsillo secreto en las chaquetas infantiles que resistían cualquier barro, una vieja caja de cartón llena de fotos y flores secas en el fondo de un armario, una muesca en un árbol que sigue delatando amores juveniles…

Me gusta la palabra clandestino porque lejos de parecerme turbia, como de necesidad de esconder algo negro, me resulta limpia y cálida, como la sensación de preservar para uno todo aquello que le hace sentir bien con el deseo de que no se esfume. Y me gustan las guaridas, porque tampoco ocultan, sólo atesoran.

PD. Hoy la hago extensiva a todos. A los que siempre estáis, siempre, y que tanto me reconforta. Y a los que llegarán, porque en la vida siempre hay algo que esperar, porque me gusta mantener intacta mi capacidad de sorpresa y porque siempre también habrá guaridas nuevas por compartir.

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